| Carlos's profileÓleum et operam perdidiPhotosBlogLists | Help |
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October 27 comienzoNi siquiera tuve que llamar al timbre, la puerta estaba abierta y entré. Conocía el lugar del día que había estado haciendo la entrevista, sólo que a las ocho y veinticinco de la mañana estaba bastante más vacío que como lo recordaba: llegaba bastante pronto. Me acerqué a la secretaria.
- Hola, soy ángel, empiezo hoy aquí.
Me sonrió con franqueza, y me hizo sentir mejor.
- ¿Eres el nuevo de ingeniería marítima, verdad? - Me plantó la cara delante y nos dimos dos besos. No era lo que esperaba, pero en cierto modo me gustó.- Espera, voy a llamar a uno de tus compañeros.
El tipo en cuestión se llamaba Jurgi, aunque yo no lo entendí hasta pasadas varias horas. Solamente asentí y me presenté como si le hubiese entendido. Parecía pacífico y afable y debía estar bastante adormilado porque hablaba entre dientes y me costaba horrores entender lo que decía. Me enseñó mi puesto y me paseó por la oficina, presentándome a los que ya habían llegado.
- Qué hay, este es ángel, el nuevo compañero de puertos.
Iba de mesa en mesa y de área en área, saludando a unos y a otros, explicándome las distintas funciones y dependencias, y yo le seguía y saludaba a mi vez, un poco cohibido.
- Este es ángel, el nuevo compañero de puertos, ¿qué tal, Mario? Este es Mario, es informático, este es el área de informática, a ver si montamos un partidillo esta semana, ¿no? ¿A ti te gusta el fútbol? ¿Sí? Genial, otro más para el equipo, a ver si este año lo sacamos adelante y jugamos más en serio, esta es una sala de reuniones, aquí hay una minicocina con una nevera, en esa otra sala comemos, esto es geotecnia, esto es estructuras, aquí está arquitectura y delineación, esto es infraestructuras, ¡hola Paco! ¿Hoy comemos no? Los lunes quedamos unos cuantos y bajamos a un bar aquí al lado, se come bien de menú. ¿Te quedas hoy? Muy bien...
Pasé el resto de la mañana leyendo las normas de funcionamiento interno, firmando el contrato y familiarizándome con el proyecto con el que empezaría al día siguiente. Apenas me podía concentrar, la inquietud me roía por dentro. Todo era tan nuevo, tan distinto, todas las personas tan desconocidas y yo era tan extraño en medio de todo aquello. Mis amigos ya no estaban, mi casa ya no estaba, mi escuela ya no estaba. Solo estaba yo y esas paredes azul claro y esa ventana al fondo y toda esa gente desconocida que sabía hacer un montón de cosas que yo ignoraba por completo. Pero en una sola mañana ya me habían invitado a comer y a jugar al fútbol con ellos, eso estaba bien. Y sin embargo, qué raro era todo, qué inseguro me sentía, qué ganas tenía de llamar a alguien, a Isa, a algún amigo, a mis padres.
Por la tarde las horas se me hicieron eternas. Pregunté cientos de cosas, todas triviales, todo chorradas. A las siete menos cuarto apagué el ordenador, cogí mis cosas, me despedí y me fui. Casi nadie me contestó, todos seguían mirando sus pantallas y sentados en sus sillas. Bajé las escaleras con un ligero temblor en las piernas, resoplando de alivio, concediéndome una tregua hasta el día siguiente. Una mezcla de miedo, esperanza y cansancio infinito se apoderó de todo mi cuerpo y cuando salí a la calle y vi a Isa esperándome sonriente en la acera de enfrente me lancé corriendo hacia ella, crispado y condenadamente feliz, apretando los dientes para que no se me saltaran las lágrimas.
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